domingo, 26 de febrero de 2012

Invierno en la sociedad

Tenemos una actual realidad perpetuada a trompicones de siglos pasados. Es ya tradición creer que pasar páginas es seña de progreso, cuando en realidad, lo que se pretende es arrancarlas del tirón y olvidarlo cuanto antes. Esta engañosa autopista directa al mañana, no hace más que remolcar síntomas de enfermedades reemergentes que históricamente van permaneciendo de un modo u otro. 
Resulta más cómodo pensar que no tenemos nada que ver con esos seres inhumanos del pasado que sin complejos ajusticiaban con violencia a razas, etnias, sexos, religiones o cualquier forma de diferencia, incluso, cada vez que estos temas se evocan comenzamos de una manera refleja a agachar la cabeza limitándonos a mirar como nuestros pies continúan el paso. Sin embargo, ¿es este un modo de ocultar que el monstruo puede yacer ignorado, disimulado o valeroso en muchos de nosotros? Solo asumiendo esa peligrosa capacidad podríamos evitar el estallido del horror. Imágenes de bombardeos, genocidios y masacres varias, nos puede parecer terrorífico, vergonzoso y llenarnos de impotencia, pero, 
¿Que hicimos y hacemos que nos lleva a vender la libertad por la seguridad?

No imaginaron aquel día que ese fervor de masas más tarde pudiese dejarles sordos y ciegos. Es curioso ver la capacidad que tienen las ideas bien maquinadas con el propósito de "poder", en arrastrar a la gente, primero en una ola de entusiasmo y luego hacia su total destrucción. ¿Como se puede anochecer en época de paz y amanecer en época de guerra? ¿Corazones sordos a la empatía?

No huyamos de nosotros mismos, la solución no es incendiar el horizonte entre imposibles, fanatismos o fantasías. 

Lo que le da valor a las ruinas no es que lo nuevo pueda emerger de lo viejo, más bien es que forman unas cavidades simbólicas que tanto nosotros como las generaciones venideras debemos conocer y no olvidar porque quizás llegado un punto cuando nadie se vuelva a mirar hacia atrás, un viento helado sople una vez más desde las ruinas y una vez más, no sepamos lo que nos viene encima. 

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