sábado, 15 de diciembre de 2012

Quijotadas de ultravientos

Llego el día en que la luna más brilla, su imagen se desprende, los trazos ya no duelen. Ella siente que la oscuridad no es un castigo, que la luz que trasmite ilumina porque brilla en su interior. Descubre que la oscuridad de sus noches también es parte de ella. Puede haber noche sin luna, oscuridad sin noche y luna en el día, pero no luna sin luz ni oscuridad. Y es así como me situó como luna, siempre presente, siempre en la órbita buscando en los días y las noches su luz y oscuridad para ser quien soy en realidad. Da igual luna llena, menguante o creciente lo importante es aceptar el temor de ser la oscuridad y la luz, la sabiduría y la ignorancia, lo alternativo y lo igual, del absorber y del desinterés... Me encuentro aprendiendo a mirar los momentos cobardes, las horas de hastío, la muertes de la tarde, los miedos al frió, las brasas de los sentimientos, el amanecer de los días, el mundo que llevo dentro. Me da miedo el pensarlo y miedo el no hacerlo, miedo a volver a ignorarlo y miedo a saberlo. Pero se trata de esto. Una vez más tan sólo son miedos, miedos que ya están venciendo los conscientes pensamientos.

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