martes, 28 de enero de 2014

Piezas originales


No tengo y mucho menos "soy" la pieza que le falta a tu puzzle, al igual que no tienes ni "eres" la pieza que falta por colocar en mi vida. Las personas no somos o tenemos las piezas que puedan completar puzzles ajenos, aunque nos esforcemos por encajarlas o encajar, u otras formas de dejarnos atrás. 
Cada pieza forma parte de un único puzzle. Nuestras piezas solo podrán formar una vida, la propia. Es sano inventar nuevas piezas siempre que quieras, al fin y al cabo, la vida es tu juego, es tu puzzle, tu obra, tu existencia. Pero será inútil intentar que esa pieza hecha con tanto esmero a tu imagen y diseño, que tan bien encaja en tu vida, le sirva a otra persona, o las piezas de otra persona nos sirvan en nuestra vida. Pueden dar el pego por un tiempo, pero necesitamos nuestras propias piezas, nuestras piezas originales. Si te das cuenta a lo largo de los días nos podemos sorprender en más de una ocasión intentando completar con nuestras piezas puzzles ajenos, incluso somos capaces de desmontar el propio en el afán por conseguir más piezas que pudiesen encajar. ¿Cuántas veces nos abandónanos a nosotras mismas 'intentando ayudar', 'facilitar' los días a otras personas? ¿Y cuántas otras veces nos damos de luces en nuestro propio juego cuando descubrimos que esta pieza que alguien dejo en mí, no me vale, no me sirve, no me permite seguir encajando el resto de piezas que planeo para mí? No solo con buena intención se ayuda, también se fastidia. Alcanzar la verdadera ayuda pasa por aceptar que no podemos, debemos, ni llegaremos jamás a solucionar las vidas ajenas, ni que nadie podrá solucionar la nuestra. Ayudar no es sinónimo de solucionar, que me ayuden tampoco significa que encuentre una solución, ni que la desee. 
No estamos para solucionar, ni ser solucionadas, estamos para ser, y siendo es como estamos, pudiendo ayudar a cada cual a que encuentre o no, sus piezas y encajando o no las nuestras.

[Muy frecuentemente me asusto con los mensajes que compramos o enviamos, me temo, la mayoría de las veces más por carencias y falsas creencias, que por belleza literaria.]  

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