lunes, 10 de febrero de 2014

La niña

Lunes a la tarde, hora de salida de las escuelas, para variar en Iruñea lluvias, paraguas luchando contra el viento, pisadas sorteando charcos, manos rojas buscando resguardo, prisas y más prisas. 
Una mujer detenida en medio de la acera me sorprende, ajusta su bufanda, su paz desafía el ritmo de la calle. De pronto me fijo, no está sola, mira hacia un parque vacío donde esta tarde solo corretea una niña, tal vez asombrada de no encontrar compañía. La mujer no puede evitar sonreír mientras le pregunta; "¿nos vamos?" La niña, enseguida responde; "¡espera!", se mira las botas y se apresura, coge impulso, salta, con todas sus fuerzas ríe y brinca de charco en charco hacia ella. 
Puede que nunca me creeríais si os digo que me emocione de pura envidia. Diez segundos me bastaron para dejar caer mi capucha, hoy no sería el día que eludiese sentir el tacto de la vida.
¿Cuantas veces dejamos de explorar los momentos, temiendo el resfriado o "que se estropee la ropa" o hacernos daño...? ¿Por qué privarnos de las fuentes de libertad, de aprendizaje, y también de diversión? Siente el viento en la cara, la lluvia en el pelo... A veces la vida solo nos merece por aquellos momentos en que nos reconciliamos con nosotras mismas dejando estar a la niña que seguimos siendo.

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