lunes, 10 de marzo de 2014

La noche protege sus musas

Llega su momento, las prisas del mundo cesan.
Lo incandescente busca prenderse, allí donde
las miradas se retratan y encuentran.

La noche está llena de desvelos
y no me extraña, al contemplarte
en cualquiera de tus fases lunares.
Haces de la noche un lienzo perfecto
en el que es imposible imaginar otro
escenario más certero.
No hay mortal que no te dedique
una sonrisa o unos aullidos como efecto
de las mil y una formas en las que afloran
los sentidos.

Tal como me sucede con la Luna,
en el manto que tiende la noche,
hay una energía capaz de seducirme;
por sorpresa, a fases, cada noche.
Ella, gira en diferente orbita a la mía
y es a través de su movimiento
que la siento tan cerca.

Igual te suena,
seguro que llegaste a verla
al anochecer,
sacando a pasear sus sombras,
matando el tiempo hasta sentirse sola.

Ella hace de la noche su cómplice.
Pasadas las doce, me descubre
aunque no lo llegue a admitir,
aunque tal vez ni lo acepte;
a oscuras mis fantasmas e ilusiones
se hacen reales.

La noche cuida a quienes en su manto
buscan consuelo, protección o compañía.
Muchos de los males que nos dañan
aguardan la llegada de la noche
para reparar los sueños rotos 
en el día. 

En la noche se encuentran seguras
las ilusiones, las utopías,
que de vuelta mañana por la mañana,
serán acusadas entre tantas miradas
sin esperanza.
Y los fantasmas que se ocultan
de la muchedumbre del día
aparecerán en la noche,
donde el ruido cesa. 
De la misma forma que aparecen las musas 
para seguir seduciendo a oscuras, solas.

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