martes, 11 de noviembre de 2014

Sebastián

Sebastián (o al menos así le llamaré aquí), es un entrañable señor de unos bien conservados sesenta y pico años. Desde que se jubilo pasa largas temporadas en un recogido pueblo del norte de la península ibérica, allí le conocí. Es una de esas personas con las que conversar resulta muy sencillo, con un sentido del humor tan arrollador como coherente, era una alegría verle por las mañanas. Recuerdo una de esas mañanas que trascurrían hablando de temas mundanos, la conversación de recetas de cocina invito a que me contara una pequeña anécdota en primera persona, que hoy trataré de transcribir aquí, sin duda, no con tanta simpatía como él cuenta su vida.
Un día, como otro cualquiera, estaba comprando en un supermercado, una vecina del pueblo se acerca y me pregunta si mi esposa está bien, me dice que últimamente se ha fijado y me ve mucho a mi haciendo la compra para casa.
Agradecido por la repentina muestra de interés, y sin dejar de estar extrañado por esta observación, pues aunque mi mujer y yo nos repartimos las tareas, suelo ser quien se encarga de la compra, como también de la cocina, en fin, le di las gracias por el interés, “sí está muy bien, ¿y tú marido?” No pude evitar preguntarle. Bien sabíamos ambos que estaría en el bar echando la partida como cada mañana, como cada día y hora del día, mientras ella se ocupaba de todo. No fue necesario decirnos nada más. Ambos callaron la vergüenza, la misma que sin saberlo compartían
                                                                                                                - Sebastián

*Más allá de lo que nos trae su experiencia, lo que reviví aquel día es la fuerza y el auténtico valor de lo que para mi son las grandes lecciones/enseñanzas. Pueden surgir en cualquier parte, momento y/o persona. Si prestamos atención nos encontraremos que están en todas partes, y la mayoría de las veces no brotan de máster, seminarios, o importantes encuentros de eruditos intelectuales, sino de la gente, de la calle, de las conversaciones mundanas, de la vida cotidiana, ahí está la magia.

2 comentarios:

  1. Me gusta como escribes. Me llamo la atención tu blog hace unos meses, y pues... esta entrada aun mas, tal vez sea la forma que tienes para decir las cosas o que yo aun.. de alguna manera cualquier persona que mensione el nombre de Sebastian o Esteban, me causa curiosidad. Esos dos nombres son muy importantes para mi. En fin. Creo que lo que mas me gustaria es seguir leyendote.

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    1. Es un placer descubrir que estas líneas que voy dejando por aquí, llegan o tocan algo de las vidas de otras personas, esto es simplemente maravilloso. Sebastián, es el nombre que puse a ese entrañable señor del que hablo, para poder escribirlo, es un nombre para mi simbólico que me recuerda a él. Gracias por leerme.

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