domingo, 14 de diciembre de 2014

Terrorismo relacional

Piensas que es maldad
lo que esconde,
que te daña adrede,
que busca arañarte el alma
hasta hacerte sangrar
por diversión u omisión,
crees haber encontrado
quien te robo la libertad.
Ya tienes tú culpable, tu ladrón,
¿ya crees tener el control?
Ciega, ciega que te ciegas,
ciega que ni ve, ciega que
renuncia a mirar, a mirarse.


Rabia e impotencia es la tinta
que empapa estas letras,

que lloran 
las miradas auténticas, 
la inocencia,
el respeto, las verdades muertas
como daño colateral cuando se disipa
la vida en alguien.

Crees ver el culpable, el ladrón,
solo sientes el dolor que mana de tu interior.
Mirando para fuera
ni a ti misma te respetas,
sufres y no sabes cómo desacerté
del dolor que no entiendes,
mientras matas muriendo
a la única persona que sabes
es capaz de dar su vida
por la de los demás.
Me da miedo mirarte, verte,
y aun así lo intento
hasta llegar a arrepentirme
de mis buenas intenciones.
No crees necesitar ayuda
ya tienes tu culpable,
ya la vas minando cada día.
Me queda echarme a un lado
por no enfrentarte a gritos de rabia
cuando es la inconsciencia la única,
que por el momento,
mantiene la bandera en alto, y lo peor;
eres tú quien orgullosa la ondea.

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