viernes, 13 de marzo de 2015

¿Cuántos días le dedicas a la luz?

Al salir al jardín sintió como los rayos de sol le llegaban más cálida y profundamente que nunca. Esa luz que veía reflejada en su jardín contrastaba entre la oscuridad que acostumbraba. Así que volvió al interior, se preparó una taza de té y junto a uno de sus libros favoritos salió con la intención de sentarse a leer mientras la luz acompañaba el momento. Enseguida se fue percatando de los efectos positivos que estos rayos de sol tenían; las plantas florecían más altas, más esbeltas, su color tornaba brillante, sincero, sus días eran más alegres y pausados. Nada parecía poder nublar esa tranquilidad aparente, salvo las dudas. 
Aunque todo a su alrededor se veía mejor le era imposible llegar a comprender por qué a ella, por qué su jardín. ¿Ella? a quien nunca le toco ni un céntimo en la lotería, ¿ella? que no sacaba por encima del tres jugando a los dados; "¿cómo es posible?, ¿se trata de una prueba del destino?, ¿será que me echaron un mal de ojo?” Se pasaba los días buscando explicaciones, duda tras duda, día tras día, hasta que una mañana al despertar abrió la puerta hacia el jardín, ya no estaban esos rayos de sol, las flores decaían sobre su propio tallo, un ambiente frío en el que solo quedaban presentes las nubes, hasta las sombras fueron sorprendidas por esta vicisitud. Ella que nunca había terminado de creerse su fortuna lo tenía claro; “¿ves? ¡No era real! Ya no está, como pensé que sucedía, sucedió.” 

Para ella nada cambio, incapaz de aceptar su realidad, incapaz de vivir, sentir y disfrutar el momento, la realidad se trasformó y para cuando esto paso ni uno de sus días le había dedicado a la luz. Las oscuridad que quería ver llego, la que llevaba consigo nunca se fue. 

No hay luz que pueda alcanzar la certidumbre que se refugia tras la fe ciega en la tragedia, ni aunque se demuestre en los hechos.

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