jueves, 12 de marzo de 2015

Unos segundos

Desperté relinchando viejos atardeceres
con el pataleo de cientos de viajeros a mis hombros,
y el sabor a huida y traqueteo.
Desperté doliente junto con todas mis equivocaciones.
Podría echarle la culpa a un sueño, y llamarlo pesadilla
pero era real, tanto como mi vida.


No quise quitarme de encima esa sensación a angustia
“me las merecía”.

De vez en cuando creo merecer truenos y relámpagos.
De vez en cuando rasco heridas por el placer de sentirlas mías.
Soy capaz de navegar en el barco fantasma del tormento
y ahí, durante apenas unos segundos, sentirme como en casa.
Después vuelvo a la vida, y a veces con rabia.

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