domingo, 24 de enero de 2016

Algo digno de salvarse de la guerra de los mundos


Imaginaba un presente abrasado de lluvia de acero y miserias,
un mundo para supervivientes donde la huida perfecta
eran nuestros cuerpos bailando sin prisa.
Imaginaba la colisión de un mundo que no se quiere,
y luego nosotras dos sin necesidad de respirar.

Siempre espere que se cruzaran en la misma órbita
nuestras trayectorias,
algo así como un efecto mágico o divino.
Espere que más pronto que tarde,
“posible” sería la palabra de moda
y lo nuestro algo digno de salvarse 

de la guerra de los mundos.

Solo nos separaban y nos unían los escombros
la valentía de un nunca como futuro para nadie.
Tal vez nos equivocamos en la hipótesis inicial
aunque disimulaba muy bien los rotos
y acertaba en la dosis exacta de ficción a usar.

Cambie el búnker por puntos y comas,
la valentía solo servía para esconder el dolor.
No quiero ser valiente cubriendo la aventura de los miedos,
quiero ser valiente desde el afectos y la emoción.

No necesito musas por excusa
para decir que merecemos un posible.
Tal vez no nosotras, es decir,
no tú conmigo, ni yo contigo,
seguro que no, seguro, seguro.

Pero hoy, hoy desenredo el último símbolo.
De mi libreta completo un par de hojas
que quedaban pendientes por firmar.
En ellas escribo que ya no busco coincidir en la misma órbita
ni mucho menos de trayectorias hablar.
Estamos en un mismo mar
si la marea nos acerca… ya no será casualidad.

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