sábado, 9 de diciembre de 2017

Definitivamente #MeToo

Leía hace poco a una compañera tuitera decir algo así como que las mujeres podemos contar nuestra vida uniendo violencias machistas, me encantaría citarla pero no he localizado el tuit (si alguien lo sabe que lo comparta). Me quede detenidamente leyendo palabra por palabra a la par que iba repasando mis historias, total, que en 24 años, hay una noche que ahora reconozco, y sin saberlo fue clave. 
Por primera vez lo cuento y lo analizo así, lo saco de la invisibilidad y la normalidad donde se escondía desde entonces, tapado por miedos, vergüenza, culpa. Definitivamente  viendo mi historia en las vuestras he sentido que es el momento de compartirlo. #MeToo gracias al texto de @MagdalenaProust, ha sido el empujón final. 

Han pasado 8 años, esto es spoiler, pero aquella noche viví por primera vez lo que significa ser cosificada sexualmente, manoseada, estar en peligro, tirada, con miedo, intimidada, agredida... No eran desconocidos, eran todos amigos y compañeros, algunos más cercanos, otros menos, pero eran las personas con quienes había pasado un año buenísimo estudiando lo que nos gustaba.
Al día siguiente, si tendríamos la oportunidad de preguntarle a esa chica de 16 años que fui y tenia entonces, diría que había sido una noche “rara”, “distinta” hasta “guay; salí estuve de bares, entre a una discoteca, luego me trajeron en coche…”. Con el tiempo y el feminismo fue evolucionando la percepción de aquella noche desde “un poco asquerosa” pasando por la normalización; “sin más”, “lo típico una chica en una noche con amigos” como lo veo ahora, lo dejo para el final del texto.


Recuerdo que la noche comenzaba tomando algo antes de la cena. Mientras estábamos en una terraza se fueron sucediendo comentarios “un poco extraños” (así diría entonces), con connotaciones sexuales especialmente sobre mujeres que conocíamos y de quienes estaban por la calle, no consigo recordar exactamente qué se decía, lo asumí como cosa de “chicos jóvenes”, casi todos de mi edad, uno o varios año más que yo. Que recuerde no era la primera vez que salíamos de fiesta, sí la última, y sí la primera que era la única chica en el grupo. En esa conversación, creo recordar que también se habló de la virginidad, me llegaban preguntas que recuerdo esquivar o pasar, “qué vergüenza”. Seguro no hay nada que cuente que no hayáis vivido, sentido, pensado, hecho...

Llego la cena, de ahí habíamos decidido ir a la discoteca que estaba a las afueras de la ciudad e íbamos a ir en coches, había dos o tres coches disponibles. Me lo estaba pasando bien, tampoco para tirar cohetes pero siempre era un grupo con mucha energía, gracioso, con compañerismo, la sensación era que la noche acababa de empezar. Se decidió rápido quién iba en cada coche, como ninguno era mío, evidentemente no tenía carnet, en treinta segundos todos tenían claro en que coche iban. Creo recordar, porque no le preste mucha atención que ya uno estaba completo y el otro quedábamos dos, el conductor y yo. No había problema en ir con A. no era la primera vez, ya habíamos compartido algún plan, éramos amigos, valoré. Era un chico un par o tres años más que yo, interesante, majo, compartíamos bastantes temas, charlas, como en clase. Llegamos al garaje, y nos metimos en el coche, la charla no tenía nada que ver con los temas de siempre, me quede atónita, entre lo que recuerdo, me decía cómo estaba con su novia, algo que no venía a cuento para mí pero bueno, sigue y dice; “no te lo creas, aun no la tengo dura”, en ese momento intentó llevar mi mano hacia él, mientras seguía diciendo cosas que no recuerdo pero el mensaje era como si yo de siempre estaría deseando tener algo con él, nada que ver con la realidad. No sé si pasaron cinco, diez o más, no creo tampoco, pero a mí se me hizo el primer paréntesis en la línea temporal de aquella noche, en la que no entendía nada. Mi mente entonces pensaba; “a qué viene esto”, “si tiene novia qué hace”, “cuándo le he dado a entender nada", "solo me cae bien”. Todo esto en breves segundo, porque cuando vio que retuve la mano y no quise ni tocarle, ni acercarme, ni nada, cuando le dije “vamos a la discoteca”, se le cambio la cara, se enfadó, se notaba. Él se lo había tomado fatal, de inmediato arranco el coche y dijo; “tú no vas a la discoteca en mi coche”, esas palabras se me quedaron gradabas, literalmente: Tú no vas a la discoteca en mi coche. Ahí seguía sin entender nada, y menos mal porque así no me llene de tanto miedo, "se le han cruzado los cables", “qué dice”, “no entiendo nada”, “¿y ahora?”. En aquel coche no hubo ni una palabra más, salió del garaje sé que paso poquísimo tiempo porque conozco el trayecto y no llega a ser ni tres minutos, pero ese silencio, el miedo era algo más profundo de lo que podía identificar, no sabía dónde me llevaba. Llegamos a un descampado donde aparcan habitualmente los coches en el centro de la ciudad, allí estaba la otra parte del grupo que había llegado andando y estaban a punto de salir. Paro el coche tras una especie de derrape, freno brusco o ambas cosas, no sé, estaba atónita, solo esperaba bajar cuanto antes, abrió la puerta para que saliese del coche, salí, bajo la ventanilla y les dijo que yo iba con ellos, que nos veríamos allí, se subió otro a ese coche y se fueron, no recuerdo nada más de él en toda la noche. Si lo llegan a leer, aquí cada cual sabe quién es. Creo que ese momento estaba preparado por el grupo, no dejo de ser una encerrona, para que “tuviésemos ese momento a solas”. No recuerdo que me lo reconocieran, pero en el trayecto del descampado a la discoteca en el otro coche me preguntaron qué tal, qué había pasado y les di a entender que A. quería algo conmigo y yo para nada, entonces se había enfadado y por eso iba con ellos. Ahí se quedó esa situación, nunca se habló más, pero para dar por acabada la noche, aún quedaba mucho.

Llegamos a la discoteca, entre logar entrar, beber y bailar un poco, había olvidado ya lo sucedido con A. y como tampoco lo veía por ahí pensé “mejor, se habrá ido con otros amigos suyos”, yo estaba bien con el grupo riendo, encontrando a gente conocida, al final era un día de estos especiales en que salían diferentes grupos de clase, y acabábamos en el mismo sitio. En uno de los momentos no sé si me iba hacia el baño o a pedir algo más, siento una mano por dentro de mi braga que le da el tiempo suficiente para tocarme, en esto que se la aparto, levanto la cabeza, le encuentro de frente y le miro, era uno del grupo, de los que iban en el coche conmigo, vaya mi compañero y amigo, mientras me dice “¿te gusta?”, yo de verdad, que no me podía creer lo que estaba viviendo, no entraba en mi cabeza, nuevamente. Todo esto mientras le apartaba la mano, y le decía un “qué hacer” o parecido y me fui a lo que sea que iba a irme antes.
 
No, la noche tampoco acababa con esto, y sí, lo voy a soltar todo seguido.
Uno de estos chicos del grupo me dijo que iba a pasar por ahí de camino a su casa el “monitor” de una de las asignaturas, no quiero dar más detalles, llamémoslo L. y que iba a pasar por dónde vivía, vaya que me venía perfecto para llegar a casa antes, porque ya me había cansado y si tenía que esperar el bus o el tren eran bastantes horas más. Me venía de lujo. Él tenía casi 28 años o por ahí, yo me había pasado unos meses pensando y haciendo como que me gustase, jugando y tonteando. Estaba en pleno descubrimiento personal, de identidad, de probar, yo me sentía bien tonteaba con él, además de muy cómoda porque lo cierto es que no veía ninguna reciprocidad de su parte, sería muy cría para él, etc., era más divertido y seamos sinceras no calculaba tampoco el factor de la autoridad, poder, es decir, mi situación de vulnerabilidad por ser mi “monitor”, creía firmemente que no iba a pasar nada y ya está. Cuando me subí a ese coche seguía pensando lo mismo, mira que suerte, que casualidad que pasa por aquí (pude pecar de inocente, puede que sí fuese casualidad o que no, no lo sabremos). Hicimos una parte del trayecto hablando, a mitad paro el coche en un lugar que a esas horas de la madrugada era muy tranquilo, me beso, yo continué con los besos, tanto tiempo tonteándole, de juego... pero a los minutos de esto, cuando habíamos comenzado mi mente no paraba de pensar en cosas, vaya que no fue en plan; “que ilusión que es reciproco”, o "ñam me lo como qué ganas" fue en plan; “que marrón”, “dónde me he metido”. (sí, sí, muy “puta”, muy “zorra”, muy “calientapollas”, luego os lo confirmo todo seguido tranquilos aquí la parte que se identifique con él). Lo que sentía no tenía nada que ver con placer, sentía que no había escapatoria, que no tenía opción a decir que no ahora porque “lo había buscado de una u otra manera”, no lo esperaba, ni estaba disfrutando, me veía comprometida. Pensaba que con los dos anteriores vale, porque yo sabía que no me gustaban y no había mostrado lo contrario, pero claro, ahora qué, cómo voy a parar, el mensaje de no comiences algo que no vas a acabar y sus variantes no nos ha beneficiado nada. A esas horas de la noche, en esa situación, en ese coche, en ese lugar, con todo esto que os cuento, me había rendido a lo que pudiese pasar, estaba en total pasividad ante la situación, también estaba sonriendo por no desagradarle, sí (os daré algún argumento más a los del que consentía). Recuerdo haber pensado en moverme o hacer algo pero mi cuerpo no respondía en ese sentido, en un momento de lucidez o yo qué sé cómo o de qué manera no lo recuerdo bien, pero me acerco a casa y me fui. Más adelante hacer como si nada hubiese pasado con ninguno de los tres y esquivarlos en la medida de lo posible fue mi solución-reacción, de alguna forma, sentía que había salido “ilesa” de “la boca del lobo” y no quería volver.

Tras esa noche me jodería y me jode decir que tuve suerte o peor aún; que tengo que dar las gracias porque A. y L. no hiciesen lo que José Diego Yllanes, porque pudieron.
El “Todas Somos Nagore Laffage” no fue solo el lema para una campaña, no subí a ningún piso esa noche, pero sí a dos coches. El “tú no vas a la discoteca en mi coche” y su enfado podría haber acabado diferente, como el frenazo o el derrape del coche. El que me metió la mano que era parte también de mi grupo de amigos y compañeros, al que no le he puesto inicial, no me penetro por todos los lados, no fue el 6-7 de julio en un San Fermín, no fue en un portal, fue en una discoteca llena, delante de todo el mundo, como pasa muchas veces más, y este grupo no tenía grupo de WhatsApp, porque no se tenia en ese momento, y no conoceré sus conversaciones, pero fueron cómplices de todo.

Si estás leyendo esta historia y muchas otras (todas) cuestionando o dudando sobre cada paso que tome (tomamos) cada reacción ante estas agresiones, el antes, el después, el "no fue para tanto"... tranquilo sobre mí misma, yo lo pensé mucho más, antes y durante más tiempo. Podría decir otras mil cosas pero; míratelo, tienes la cultura de la violación muy atravesada.


Yo también he pensado que estuve totalmente expuesta en aquellas situaciones y el “podía haber sido peor”.
C. yo también baile, bebí, incluso con ellos y tampoco esperaba nada de lo que iba pasando.
He sonreído por agradar, por anteponer su placer a mí misma.
Pensé que por tontear y “ser elegida” tenía que llegar hasta el final.
Pensé que porque me hiciese el favor de llevarme a casa y subirme al coche tenía que pagar un peaje sexual.
Tampoco se lo conté a nadie y lo intente olvidar.
Por supuesto, jamás pensé o contemplé que eran agresiones sexuales, ni hablar de denunciar.
Pensé durante mucho tiempo que la culpa y la responsabilidad de “haberlo pasado mal” era solo mía, pero "errores" o "malos entendidos".
Pero no.

Pienso:
Que me fueron rifando como si fuese un algo, un trapo que poder soltar en el descampado si no sirve y otros cogerlo.
El derrape, frenazo del coche, aquella manera bruta de conducir por su cara de enfado eran golpes hacia mi.
La virginidad de la que no hablé aquel día, podía haberse visto como el premio del grupo.
Había "compañerismo", sí, y complicidad, y conversaciones que desconozco, pero entre ellos.  
No había consentimiento en ninguno de los casos, pero algún juez seguro lo interpreta así, ni en el tercero, en que no decir no, tampoco es sí. Hay una gran diferencia entre desear y consentir. Como dice @casaliratxe: “Estaba yo dale que te pego con lo del consentimiento, y pues me doy cuenta de que se sigue sin entender bien, así que he pensado en dejarlo claro desde ya: Cualquier tío, el que sea, no tienen mi consentimiento sexual para nada.”

Se me olvidaba; que sí a lo de “puta”, “zorra”, “calientapollas”, “buscona”, “guarra”, y mira, por aquello que nos llamáis así; ojalá serlo cada día más y mejor.

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